Con la piel erizada al momento en que nombran la
categoría en la que estoy nominada. Actriz revelación, dice la conductora
moviendo los labios pintados de rojo en combinación con el vestido. Tape de la
actriz número uno; retuerzo mis manos que transpiran. Es la primera vez que
asisto a los Martín Fierro. Tape de la actriz número dos; mi estómago se vuelve
diminuto, todos esperan que gane ella. Tape de la actriz número tres, soy yo; intento
poner cara relajada porque me están enfocando. No puedo soportar verme actuar,
ni los diez segundos que dura el tape. Lanata en la mesa del costado, le dice a
su mujer que no fui la que mejor actuó en esa serie. Y que encima, soy
kirchnerista. Mirtha Legrand me mira escéptica a través de la pantalla enorme donde
está apareciendo mi cara. Tinelli se saca una selfie mientras Pettinato se
lleva un canapé a la boca. La mesera de la diez y la quince hace malabares con
una copa de vino que se le termina cayendo, lo que me lleva a acordarme que
rompí todos los vasos en casa y tengo que comprar. El hijo de Darín se da
vuelta y me mira. Seguro me reconoce de ese taller de actuación en 2004 en el
Centro Cultural Munro. Desenredo los dedos y le doy la mano a Miguel. De reojo
puedo ver que me murmura algo, pero yo no paro de pensar en la manera que me
está bajando la presión. Al fin cambia el plano. Sus dedos rompen el sobre.
Siento el ruido crispado de la rotura del papel ensordeciéndome. Mi celular
vibra incesantemente. El murmullo alrededor y tantas miradas que me atacan. Puedo
sentir cada latido del corazón que quiere salirse por mi garganta y terminan de
estallarme los oídos. Nunca me gusto
este ambiente. Lo último que quiero ver es a Miguel, entonces lo miro y cierro
los ojos. -Y la ganadora es…
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